La construcción

A lo largo de los siglos, Elvas terminó por ser una centinela atenta y cooperante de la frontera portuguesa, considerada por todos los estrategas y militares con la “Llave del Reino”. La construcción del Fuerte de Lippe (nombre que cambiaría posteriormente para Fuerte de la Graça) resultó ser un paso clave para colmatar el sistema de fortificación seiscentista de Elvas, al nivel de su plena evolución y eficacia. La gigantesca obra de fortificación fue delineada y puesta en ejecución por el Conde de Lippe. Los trabajos se iniciaron en julio de 1763 y continuaron hasta 1792. El orden para la construcción del Fuerte de la Graça fue dada por el Conde de Lippe en 1762 al Teniente Coronel Ingeniero Pierre Robert de Bassenond. Aun en ese año, fue hecho un primer proyecto por Luís Gomes de Carvalho y atribuida la dirección de obras al Capitán Ingeniero Étienne. Sin embargo, en 1764, Étienne partiría para Alemania para trabajar en la conclusión del Fuerte de Wilhelmstein. Saliendo también de Portugal en el mismo año, Lippe aconseja al Marqués de Pombal a contratar el Coronel de Artillería Guillaume Louis Antoine de Vallaré para continuar la obra, lo que termina por ocurrir.

Vallaré hizo algunas modificaciones al proyecto inicial y otorgó al Fuerte un “grado de sofisticación defensiva inexpugnable” en las palabras de Domingos Bucho. En la obra, Valleré no solo agota todo lo conocido que había en la arquitectura militar de aquellos tiempos, sino que también innova a varios niveles, inventando reparaciones para fines específicos, tipos de artillería, pasadizos fáciles para los soldados y armamento y mucho más. A lo largo de la construcción fue aun creada una Clase de Artillería para enseñar a las tropas lo que se iba haciendo en aquel fuerte. Durante la construcción, trabajaron en el fuerte 6 mil hombres, teniendo la obra un coste de 767.000$000 réis. La construcción fue gigantesca, el fuerte debería ser inexpugnable una vez que en el caso de ser tomado fácilmente bombardearía la ciudad con eficacia. Por otro lado, para ser gigante e inexpugnable tendría que tener armamento y guarnición a la altura, lo que obligaba a muchos cuarteles, casamata y polvorines. Teniendo en cuenta que la cima de una montaña limita el espacio de construcción, ese espacio tendría que ser optimizado al máximo. El resultado final fue la construcción de un fuerte con diversos pisos y subterráneos y donde las obras de arquitectura militar se agotaron, como comentó el Príncipe de Waldeck poco tiempo después.

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